martes, 19 de enero de 2016

The Evil Dead (1981) de Sam Raimi

The Evil Dead” (1981) *** muy recomendada
Dirigida por Sam Raimi
85 minutos
[Cápsula originalmente publicada en la revista Ventana Indiscreta]


TRES RÁPIDAS ANÉCDOTAS. La primera sucede en Estados Unidos, donde fui a trabajar hace varios veranos. Estoy hablando con un gringo acerca de “The Dark Knight”, por la cual tengo muy poco cariño. No digo nada porque sé que la gente está preparada para defenderla hasta la muerte, pero cuando empieza a compararla negativamente con la trilogía de Spiderman (dirigida por Sam Raimi) me empiezo a poner de mal humor. Se burla de ellas, diciendo que su tono es demasiado ligero, que ninguna de las cosas que suceden en esas películas podría pasar en la vida real y que son demasiado estúpidas para ser tomadas en serio. Yo le digo: “Pero no quieren que las tomes en serio. Esas películas son estúpidas porque eligen serlo y disfrutan ser así. No quieren redefinir el género ni trascender sus raíces— al contrario, ellas aceptan la ligereza y el humor del material original y esperan que la audiencia lo acepte también, que todos se vuelvan niñitos por un segundo y disfruten el paseo. Hay una gran diferencia entre una película estúpida y una película que quiere serlo y lo hace con gracia.” Pero no me entendió.

La segunda sucede aquí en Perú. Estoy tomando con un amigo y me sorprende cuando menciona que “The Evil Dead” (también dirigida por Sam Raimi) es su película favorita. No me sorprende porque sea una película mala, sino porque este amigo en particular me habla casi obsesivamente de realizadores como Béla Tarr, entre otros “grandes auteurs” (así les dice) del cine contemporáneo. Su amplitud en gustos me sorprende y le pregunto por qué la considera su favorita. Me contesta: “Porque me pone de buen humor. Es una película de terror— pero es muy graciosa. Las dos secuelas se van aún más hacia la comedia, pero la primera me gusta porque no lo hace tan obvio. O sea, tiene partes que en serio dan asco y miedo, pero siempre es un miedo mezclado con cariño, ¿me entiendes? Digo, Raimi no te quiere fregar la cabeza ni quiere hacerte pasar un mal rato, como por ejemplo las películas de Eli Roth, tipo “Hostal”. Esa también es trash pero es un trash bastante malintencionado. En cambio cada vez que veo "Evil Dead" me siento como un niñito jugando con sus primos a la casa embrujada. A veces, cuando no hay luz y nadie está haciendo ruido, puede que te asustes, pero al final sabes que todo es una broma, que todos la están pasando bien.” Y le entendí.


La tercera sucede en mi casa, hace unos años, con mi hermana. Era mi segunda vez viendo “Evil Dead” y su primera. Me reí varias veces pero ella se la pasó mirando la pantalla sin expresión alguna. A mitad de la película, me lanzó una mirada desaprobadora y dijo que nunca en su vida había visto algo más idiota. Yo le respondí: “Sí. Pero qué genial, ¿cierto?” Y ella se fue de vuelta a su cuarto.

Magic Mike XXL (2015) de Gregory Jacobs

"Magic Mike XXL" (2015) **** obra maestra
Dirigida por Gregory Jacobs
115 min.
[Extracto de Vadim Rizov. Traducción de Críticas en Cápsulas.]


“Magic Mike XXL” es una película que se puede catalogar como “modesta” o “pequeña”— 14.8 millones de presupuesto, rodada en veintiocho días, una road movie sin rumbo con el objetivo de mostrar extensos números musicales, desligándose del tema de la recesión económica en el que estaba interesado la primera película. (Se habla sobre negocios, específicamente los pormenores de dirigir una pequeña empresa, pero este no es un hilo conductor dominante como lo era en “Magic Mike” y otras obras de Soderbergh, como “Erin Brockovich”, “Bubble” y “The Girlfriend Experience”; películas que progresivamente iban leyéndose como meta-textos acerca de sus propios problemas para financiarlas). Mientras que el film original interpolaba secuencias de strip-tease con los ritmos típicamente precisos/obsesivos de Soderbergh, “XXL” está conscientemente diseñada alrededor de múltiples y largas secuencias (casi independientes una a la otra) que celebran su lasciva destreza coreográfica; la comparación que algunos han hecho con los también episódicos musicales de Busby Berkeley es correcta. 

Tanto en ejecución y concepción, “Magic Mike XXL” es sorpresivamente progresiva en lo político/social/sexual. Algunos personajes creen en practicar la monogamia y otros no; eso está bien y se comprende, decididamente nunca es un Problema. Los cuerpos receptores de los bailes son de todo tipo, y la película nunca se detiene a felicitarse a sí misma por ser inclusiva (lo que los gringos llaman “body positive”). El personaje de Channing Tatum está bien familiarizado con la cultura drag, ¿y por qué no habría de estarlo? 

El leve olor a pánico homofóbico que se forma alrededor de la audiencia -o anti-audiencia- de esta película (un tipo de Kansas me dijo que estaba bien que su mamá y su hermana la vean, pero él no, un punto de vista representativo que no es poco común) es rechazado completamente por el film, cuyo arrecho grupo de heterosexuales normativos tienen muy claro quiénes son, se comportan con honestidad con las mujeres que interactúan con ellos y se sienten cómodos con la fluidez sexual con la que deben presentarse dentro y fuera del escenario. Desde el principio, bromean acerca de cómo en el equipo hay solo una persona de color (“Armenio”/“Argelino”) y, con la ayuda de Jada Pinkett Smith, logran rectificar este desequilibrio demográfico. En su club, una de las clientes responde la pregunta de Donald Glover (“quién eres”) diciendo que su abuela fue la primera mujer negra del estado en abrir una tienda de comestibles, recordándonos que el pasado reciente no ha desaparecido o dejado de ser relevante cuando tu identidad interactúa día a día con una sociedad fracturada por líneas de quiebre todavía ignoradas. En una sola línea, ese anodino detalle niega aquel dictum del racista conservador: “Está en el pasado— ya supéralo”.



Estoy tratando de pensar en otra película reciente de Hollywood que sea así de casualmente progresiva, y todo lo que viene a la mente es “Bulworth”, un mamarracho total de ideales de Antiguo Demócrata siendo vomitados incoherentemente, con tangentes racistas acerca de pollo frito. Pero “Bulworth” dijo que debemos follar y follar hasta que todos seamos del mismo color, y “XXL” pone eso a la práctica. Esta película realmente me conmovió.

Crónica de un Verano (1961) de Edgar Morin y Jean Rouch

"Chronique d'un Été" (1961) *** muy recomendada
Dirigida por Edgar Morin y Jean Rouch
90 minutos



Dijo alguna vez el filósofo Theodor Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto barbárico”. Y lo es. Ignoro si se ha escrito mucho acerca de la influencia en el cine de aquellas fotografías (y películas) de cuerpos muertos en fosas enormes; tan solo consideremos que después de la segunda guerra mundial surge, por ejemplo, el neorrealismo italiano, movimiento que en sus momentos más pobres está convencido que el cine debe -¿acaso puede?- ser “honesto”. Es decir, que una película pase de ser un mero artificio o juego de espejos (entretenimiento) a ser casi un registro objetivo y sin línea editorial (el verdadero arte). No todos los neorrealistas caen en esa tramposa dicotomía. Muchos se salvan, entendiendo que el cine (ya sea el corte o el encuadre o la sonorización o el póster) nunca podrá ser completamente objetivo y siempre tendrá una línea editorial. Cada decisión presupone una intención— inclusive la no-decisión. (Luego todos esos italianos adoptarán estilos más -llamémoslo así- expresionistas. Visconti fue a dirigir “The Damned”. Rossellini fue a dirigir “La Toma del Poder de Luis XVI”. Y Fellini…)

En todo caso, ellos hacían ficción. Una ficción austera que (después de Auschwitz) encuentra vulgares los trucos de las comedias musicales y películas fantásticas; pero ficción, después de todo. Más difícil la tienen los documentalistas. Especialmente esos partidarios del “cinema vérité” (término inventado por Edgar Morin, co-director junto al etnógrafo Jean Rouch), para quienes la presencia de gente “real” frente a una cámara “invisible” (aquel mítico fly-on-the-wall) es demasiado tentadora como para no declarar que están en contra de la “manipulación” o que ellos son “no participativos”.



Lo realmente genial de “Crónica de un Verano” es que abandona esas pretensiones apenas comienza el film, cuando los dos directores aparecen en pantalla reflexionando acerca de su propio rol en la película y el efecto que la cámara y sus preguntas tendrán en sus personajes. ¿Qué tanto de lo que veremos será “cierto”? ¿Importa? Comenzamos con una premisa (la misma pregunta hecha a gente ordinaria en la calle: ¿eres feliz?)  pero pronto la película se enamora de ciertos personajes y los deja discutir acerca de una infinidad de temas, incluyendo el holocausto, la guerra de Argelia y aquellas personas de ojos oscuros y apagados que están siempre fuera de lugar a menos que sea domingo por la tarde y puedan camuflarse entre la melancolía del fin de semana. 

Y en la famosa escena final los personajes se ven proyectados en la pantalla y el juego de espejos (herencia de Méliés y de Murnau) se vuelve evidente cuando -todavía en la sala de cine- discuten anonadados acerca de lo que han visto. Algunos aseguran que la película no los representa bien y repiten, de vez en cuando, en distintos tonos de voz: “Ese no soy yo...”

lunes, 18 de enero de 2016

Machine Gun or Typewriter? (2015) de Travis Wilkerson

Machine Gun or Typewriter?” (2015) *** muy recomendada
Dirigida por Travis Wilkerson
71 minutos


La áspera voz del narrador nos remite a aquellas películas noir donde el héroe (ya sea un detective o criminal de poca monta) deambula las finas hebras de una complicadísima tela de araña, escuchando testimonio tras testimonio hasta trastabillar y quedar atrapado, vuelto un pelele, comprendiendo en lo que estaba metido recién cuando era demasiado tarde. Como en esas películas (estoy pensando en “La Dama de Shanghai” de Welles o “Out of the Past” de Torneur), el lío aquí comienza de una manera muy simple: chico conoce chica. Wilkerson (quien la define como agitprop noir) combina esta historia de amor con un ejercicio formal que roba con gozo del video ensayo y cuyas pretensiones políticas no se esconden. Es tal la relación simbiótica entre lo personal y lo político en este film, que el primer contacto entre ambos personajes es a la vez un acto de seducción y uno de provocación -qué duda cabe- política. (“¿Metralleta o máquina de escribir?”, pregunta el protagonista desde la cabina de radio pirata en la que narra toda la película. “Metralleta— siempre”, le escribe ella y nos imaginamos una fuente color rojo.)


Deslumbra el talento de Wilkerson, quien logra mantener nuestro interés a pesar de siempre adherirse a su particular estilo de ascetismo visual: los recursos del film -la voz en off de un narrador que nunca vemos, tomas estáticas de la ciudad de Los Ángeles, mapas y fotografías antiguas, videos de protestas sacados de YouTube- son escasos pero es cómo los combina que cautiva. 

Sostener esto por setenta minutos es una tarea sumamente difícil pero ayuda que el texto sea sensacional. El guión logra entretejer la historia de la ciudad (está fascinado por edificios y espacios públicos— el mundo físico del que poco a poco se va recluyendo el protagonista) con diversas anécdotas acerca de figuras famosas (en su mayoría poetas malditos y comunistas muertos— el film tampoco esconde su romanticismo); todo esto mientras seguimos la trama de dos amantes separados por sus posiciones políticas (o mas bien el conflicto entre la acción y la inacción). Muy interesante. ¿Y mencioné que también es graciosa?

domingo, 17 de enero de 2016

The Peanuts Movie (2015) de Steve Martino

Snoopy y Charlie Brown: Peanuts, la Película” (2015) *** muy recomendada
Dirigida por Steve Martino
88 minutos
[Cápsula de Jaume Vaquer]



Charles Schulz era hijo de un barbero. En su familia eran devoradores de los cómics que aparecían en los periódicos. De hecho, a Schulz lo apodaron Sparky por Sparkplug, un caballo de la serie "Barnie Google" (y que sale fugazmente en el film, claro).

Con los años consiguió su sueño: ser dibujante de una tira de prensa. Y fue una obra totalmente personal. Nunca usó asistentes de ninguna clase en las tiras (sí en el material para merchandising o campañas de publicidad). Y era personal porque todos los elementos de su vida, sus alegrías, sus tristezas, sus problemas, iban apareciendo. Charlie Brown era hijo de un barbero, pero también tenía un perro de raza Beagle, o estaba enamorado de una chica pelirroja sin ser correspondido (a Schulz le dieron calabazas), etc, etc... De montones de chistes sobre el Barón Rojo porque a uno de sus hijos le dio por los aviones triplanos hasta muchos sobre hockey sobre hielo en los últimos años porque se había construido al lado de casa un estadio de hockey que había cedido a su ciudad, con la condición de poder usarlo unas horas al día. Todo salía, aunque uno no lo supiera. Pero se sentía la humanidad y la honestidad tras ello.

Schulz decidió retirarse por su enfermedad. Hizo una última página de despedida de lo más emotivo que he leído. Y murió el día de su publicación.

Ahora, años después, llega esta adaptación que es brillante en lo formal (coger el estilo de Schulz y llevarlo a lo digital y a las tres dimensiones era una papeleta complicada), llena de guiños a las tiras, a sus elementos, a sus personajes principales.



Pero sobre todo es cálida y es hermosa. Porque está escrita por un hijo y un nieto de Schulz, buenos conocedores de la obra, pero que, en las palabras finales de la chica pelirroja, hablan en el fondo de su padre y de su abuelo, con palabras sencillas pero llenas de afecto, de cariño, de emoción.

viernes, 15 de enero de 2016

Tabu (2012) de Miguel Gomes

Tabu” (2012) **** obra maestra
Dirigida por Miguel Gomes
118 minutos


Difícil escribir acerca de esta bella y misteriosa película, la mejor que he visto en lo que va del (joven) año. Tal vez podamos comenzar con algo que escuché decir a un amigo hace unos días: que las semejanzas entre la realidad y los recuerdos van desvaneciéndose con el paso del tiempo, que nuestras memorias más preciadas son en realidad el recuerdo del recuerdo del recuerdo, meras idealizaciones de momentos que alguna vez vivimos. Tomando esto en cuenta se podría decir que sí, es probable que el pasado se parezca a una película silente, a imágenes granuladas de niebla y humo y polvo bailando bajo una luz difusa, a rostros que hablan sin emitir palabras y al ruido de una moto, de las ruedas de una bicicleta, al de un disparo, es probable que el pasado de cualquier persona pueda reducirse a tan solo una canción. Es probable. 

Ésta es una obra de profunda inteligencia y sensibilidad, que invita las múltiples lecturas y habla de temas que van de lo macro (esa mentalidad colonial con la que todavía se vive en Portugal) hasta lo micro (una historia de amor imposible), enlazando todo de una manera nada forzada que más bien sorprende por su destreza, por su ingenio, por sus sutilezas. Tal vez estoy exagerando (la vi hace unos días y todavía me retumba en la cabeza) pero el guión debe ser uno de los mejores jamás escritos, con frases devastadoras (e.g.: “pero en sus brazos, el futuro me parecía un concepto vago y estúpido”) que parecen robadas de una novela y que complementan muy bien al ostentoso estilo visual del film, que iguala en su uso del blanco y negro a Tod Browning, James Whale o hasta Murnau— cuya “Tabu: A Story of the South Seas” es explícitamente homenajeada en el título y en la estructura bifurcada de la historia. (Gomes era antes un crítico de cine).


En un raro momento de ceguera histérica, A.O. Scott acusa a la película de -estoy parafraseando- cometer una especie de colonialismo estético, observando el infierno vivido en tierras africanas ocupadas por europeos como un interesante y bello escenario para la trama, en vez de un problema político y moral. Pero para pensar esto tendrías que ignorar gran parte del film— basta con entender cómo revierten roles Aurora (ama blanca) y Alma (sirviente negra) en el presente y cómo esto es el resultado inevitable de una tormenta que se forma por lo bajo, amenazando con destruir el reinado de estos cowboys coloniales, que vienen a las faldas del monte Tabu (su Wild West) a escapar de sus problemas sin darse cuenta que aquellos inexpresivos rostros africanos esconden una ira que está apunto de estallar.

Pero más que nada es un film de placeres simples y deleite visual, como aquel plano de la vieja contando un sueño mientras el fondo da vueltas, como hipnotizándonos e invitándonos al fantasmal, onírico universo de "Tabu".

jueves, 14 de enero de 2016

The Counselor (2013) de Ridley Scott

The Counselor” (2013) *** muy recomendada
Dirigida por Ridley Scott
117 minutos
[Extracto de Mike D’Angelo]



Receta para una película que joderá a la gente: jacobea + euclidiana + hegeliana. Realmente no puedo criticar a nadie por odiar este film (Andrew O’Hehir tuiteó: “The Counselor no es simplemente terrible. Podría ser la peor película jamás hecha), pero para mí sus despiadados aspectos anti-narrativos la asemejan a una versión uncut de “No Country for Old Men”, una sin los viejitos preocupados. Solo me fastidiaron los diálogos filosóficos en un primer momento, cuando (naturalmente) asumí que vendrían de vez en cuando y de manera intrusiva; una vez que tomaron control de la película y cada miembro del elenco secundario resultó ser un verboso erudito de la palabra, no se me hicieron tan difícil de aceptar.

“¡¿Pero cuál es el punto?!” Tan solo una representación del concepto griego del hibris, la verdad. (Definición: “un intento de transgresión a los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales”). Esto va a sonar un poco extraño, pero "The Counselor" es esencialmente la misma historia que “Jurassic Park” (más la novela que la película): varias personas inteligentes imaginan estúpidamente que pueden controlar lo incontrolable, pero sucede un imprevisto y el infierno se desata; todo esto explicado a través de pomposos monólogos de personajes que, a pesar de su inteligencia superior, se encuentran en el mismo mundo de mierda que el resto. El guionista Cormac McCarthy tan solo lleva el concepto hasta su conclusión natural. Y como soy el tipo de persona que prefiere preguntarse por qué alguien está midiendo la altura de una motocicleta que ver dinosaurios CGI arrasando con todo, esta es para mí una película “entretenida”, a su manera— sombría y fatalista.



Otra cosa: sigo leyendo a gente que se refiere a la historia como demasiado complicada e imposible de seguir. No. Es simplemente irrelevante. Al igual que en la película “All Is Lost” de J.C. Chandor (título aplicable también a esta), todo lo que no es completamente esencial ha sido descartado, incluyendo el estilo de caracterización al que estamos acostumbrados. Realmente no importa quién es el Abogado y ciertamente tampoco por qué está en un aprieto o cómo funciona su negocio. Todos los personajes están ya muertos apenas comienza la película. (He ahí la escena inicial de cuerpos cubiertos por sábanas— McCarthy escribió esta escena hasta indicando que debían estar completamente tapados, con subtítulos aclarando lo que decían sus voces apagadas). El film no nos da más que la información suficiente para comprender que las tragedias que sufren los personajes son, en cierta medida, tan solo mala suerte. 

Y Scott expertamente nos otorga todos los detalles necesarios, en su mayoría no verbales (comenzando con esa impresionante transición del motociclista al cuarto), sometiéndose a la visión de McCarthy con una humildad poco común entre los grandes auteurs.